Posts etiquetados ‘Primera Guerra Mundial’

Quedan todavía siete meses para que se celebre el centenario del inicio de la Primera Guerra Mundial el 28 de julio de 1914  pero ya se han empezado a publicar libros de historia que tratan los inicios de este conflicto. Repasemos los más interesantes editados hasta ahora:

“1914: de la paz a la guerra”. Margaret MacMillan. Editorial Turner. MacMillan es la rectora del St. Antony’s College de la universidad británica de Oxford y catedrática de Historia Internacional en la misma institución.  En el año 2002 ganó el premio Samuel Johnson por su libro París 1919: seis meses que cambiaron el mundo (publicado en español en 2005), y es también la autora de Juegos peligrosos. Usos y abusos de la Historia (2010).

Según el historiador Christopher Clark, en The London Review of books, “MacMillan escribe una crónica llena de humanidad sobre aquel mundo conflictivo. […] Como ella misma dice en su frase final, que haríamos bien en tomarnos en serio: “Siempre hay otras opciones””

“1914-1918. La historia de la Primera Guerra Mundial” del especialista en esta guerra David Stevenson, y publicado por la editorial Debate. Stevenson es profesor de Historia Internacional en la London School of Economics and Political Science. Alabado por otros colegas como Ian Kershaw, y por diversos medios de comunicación británicos y norteamericanos, este estudio intenta aportar respuestas convincentes a la pregunta clave de cómo se desarrolló esta terrible lucha.

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-“1914: el año de la catástrofe” de Max Hastings y editado por Crítica. Hastings había publicado hasta ahora varios libros sobre la Segunda Guerra Mundial como “Armagedon, la derrota de Alemania 1945-1945” de 2005 o “Némesis. La derrota de Japón 1944-1945” de 2008. Con este volumen se centra en el primer año de combates, y revela el lado más humano del conflicto a través de cartas, diarios o testimonios de diversos soldados y oficiales que lucharon los dos bandos.

No hay que olvidar “La Gran Guerra: la Primera Guerra Mundial al descubierto” publicado por el Canal Historia, y “Para acabar con todas las guerras” de Adam Hochschild y editado por Península.

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La reciente publicación en EE.UU del libro “The Collaboration: Hollywood’s pact with Hitler” del profesor de la Universidad de Harvard Ben Urwand ha reabierto el debate de cómo las empresas norteamericanas ayudaron durante los años 30 del pasado siglo al gobierno alemán de Adolf Hitler.

El periodo de entreguerras se suele examinar con los resultados de la IIGM en la mano, y sabiendo de antemano cómo se desarrollaron los eventos que desembocaron en el mayor conflicto armado de la historia. Pero para muchos gobiernos occidentales en esa época el verdadero peligro no era la Alemania de Hitler o la Italia de Mussolini, sino la URSS de Stalin. Pero solo de política no vive el hombre, y los beneficios económicos que reportaba el mercado alemán eran tenidos en cuenta por los hombres de negocios de EE.UU.

 

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Cuando Hitler llegó al poder, en 1933, se estrenaban cerca de 250 películas norteamericanas al año en Alemania. Esa cuota de pantalla no podía desaparecer por arte de magia ya que reportaba suculentos beneficios a las empresas de EE.UU. De todas maneras, el primer aviso de los nazis a los estudios cinematográficos se produjo el 5 de diciembre de 1930 durante el estreno en Berlín del film “Sin novedad en el frente”, producida por el estudio Universal. La adaptación al cine de la novela de Erich María Remarque, que retrata el conflicto de la Primera Guerra Mundial, fue una afrenta para los nazis que habían pasado recientemente de 12 a 107 escaños en el Reichstag. Un grupo de nazis compró las 300 localidades del estreno de la película en Berlín y protagonizó un altercado mayúsculo. Los matones nazis gritaron, patalearon, soltaron ratones, lanzaron bombas fétidas…. todo con el fin de sabotear el estreno. Al fin, obligaron a parar la proyección, hecho que aprovechó Goebbels, presente en la sala, para dar un discurso incendiario contra EE.UU y el film. Seis días después de este estreno, la película fue prohibida en Alemania.

Los dirigentes de los grandes estudios tomaron nota, y cedieron durante años a las presiones de los dirigentes nazis revisando los guiones, o seleccionando muy bien la temática de las películas que se estrenaban en Alemania. Habrá que esperar hasta 1940 con el estreno de “El gran dictador” para que Hollywood empiece a dar la espalda Hitler.