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Ha pasado bastante desapercibido el 73 aniversario del inicio de la Unternehmen Barbarossa (Operación Barbarroja), es decir, de la invasión de la URSS por parte de las fuerzas del Eje con Alemania a la cabeza.  El 22 de junio de 1941 a las tres y cuarto de la madrugada se inició la ofensiva en un frente de 1.600 kilómetros entre el mar Báltico y el Mar Negro. Tres millones y medio de soldados alemanes, más un millón de sus aliados de Italia, Hungría, Rumanía, y Finlandia, se lanzaron a la conquista de la URSS. Las tropas se agruparon en 225 divisiones, y participaron más de 4.000 tanques y un número similar de aviones. Enfrente, los soviéticos tenían más soldados, tanques y aviones, pero fueron sorprendidos por la coordinación de las tropas terrestres y aéreas del Eje.

 

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William L. Shirer cuenta en “Auge y caída del Tercer Reich” lo despreocupado que estaban los militares soviéticos en las fronteras con Alemania. “A pesar de las múltiples advertencias y signos de alarma –dice Shirer– la agresión alemana cogió al Ejército Rojo por sorpresa en toda la longitud del frente. Todos los puentes fueron tomados intactos […] Centenares de aviones fueron destruidos en el suelo”. Añade el periodista un hecho curioso, contado por el general Blumentritt, jefe del Estado Mayor del IV Ejército, que sucedió en la noche del 21 al 22 de junio poco después de las doce. Relata el militar alemán que “mientras la artillería alemana estaba ya en acción, el expreso Berlín-Moscú prosiguió “sin incidentes” su inocente viaje a través de las líneas alemanas hasta Brest-Litovsk […] De madrugada las estaciones de escucha alemanas captaron el siguiente mensaje del Ejército Rojo: “Los alemanes nos disparan. ¿Qué debemos hacer? Respuesta del Cuartel General: “Se han vuelto ustedes locos? ¿Por qué su mensaje no está cifrado?”

¿Y cómo reaccionó Stalin? Antony Beevor en “Un escritor en guerra” dice que “Aunque el dictador soviético no se hundió hasta más tarde (del 22 de junio de 1941), estaba tan desorientado al descubrir la verdad que el anuncio por radio a mediodía fue realizado por su ministro de Asuntos Exteriores Molotov, con una voz helada. De inmediato se formaron colas de voluntarios para ir al frente”. Hasta principios de julio de ese mismo año, Stalin no se dirigió al país mediante un mensaje radiado.

La mayor parte de la población soviética estaba cansada de los rumores de guerra con la Alemania nazi. El profesor de Ingeniería aeronáutica de las fuerzas aéreas rusas, Grigori Tokaty relata en “Un mundo en guerra” de Richard Holmes que “[…] los rumores suelen exagerar, así que había grupos de ciudadanos que creían que íbamos a ser atacados al día siguiente. La gente guardaba para sí estas opiniones: teníamos una máquina centralizada de propaganda que no permitía ninguna otra manifestación pública, y la propaganda central decía que no había peligro, así que todo el mundo guardaba silencio. Pero había mucha inquietud”.

La invasión de la URSS dio paso a una guerra de exterminio entre las fuerzas del Eje y el Ejército Rojo que no finalizó hasta 1945 con la capitulación de Alemania.

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Bueno, no exactamente él, sino el legado político y filosófico que dejó resumido en su libro Mein Kampf (Mi lucha”), escrito en 1923. El 31 de diciembre de 2015 esta obra pasará a ser de dominio público en Alemania y en todo el mundo. Así que cualquiera podrá editarla, aunque los derechos editoriales de la obra pertenecen al estado de Baviera desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Una comisión militar formada por representantes de los países aliados decidió prohibir en 1945 la reimpresión, la difusión, y la venta del libro de Hitler. Las bibliotecas y los organismos oficiales de toda Alemania reunieron todos los ejemplares que encontraron y los guardaron en las llamadas Giftkammer, unos almacenes donde languidecerían durante décadas junto a otras obras escritas por dirigentes nazis.

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Pero tres años después del fin de la guerra un tribunal de Múnich dictaminó que todos los bienes que poseía Adolf Hitler en Baviera, porque Hitler era oficialmente un ciudadano con residencia en ese estado, pasaran a manos del gobierno local, incluidos los derechos de autor de “Mi lucha”. Desde entonces el Ministerio de Finanzas de este länder es el propietario legal del libro, potestad que hasta entonces ejercía la editorial Eher-Verlag.

Desde ese momento el gobierno bávaro ha estado vigilando el mercado editorial para impedir que nadie pueda volver a publicar el libro. Pero se topó un problema: Eher Verlag vendió los derechos de autor en lengua inglesa a una editorial británica con lo que en Reino Unido e EE.UU el libro se puede comprar sin problemas. Al igual que en Israel, donde no está prohibido. Lo más curioso del caso es que la editorial que vende el libro en el mercado anglosajón es Random House, filial del grupo alemán Bertelsman. Por otro lado, en Alemania está prohibido publicar “Mi lucha” porque el Ministerio de Finanzas bavaro invoca para ello un artículo de la Constitución alemana que prohíbe incitar el odio racial o difundir los ideales del movimiento nacionalsocialista.

El 2012 el gobierno de este estado autorizó al Instituto de Historia Contemporánea de Múnich para que preparara una edición crítica del libro e incluso lo financió con medio millón de euros. Hace unas semanas, las autoridades alemanas anunciaron que lucharán para evitar la publicación de “Mi lucha” a partir del 31 de diciembre de 2015, y que no publicará ninguna edición crítica de la obra.

Aún así, quien quiera comprar un ejemplar de este libro, que vendió millones de copias desde su publicación, solo tiene que acudir a cualquier tienda online donde, seguro, no tendrá ningún problema legal para adquirirlo.