Posts etiquetados ‘Alemanía’

El desembarco de Normandía (Operación Overlord), del que se cumplió el 70 aniversario el mes pasado, fue una de las operaciones militares más importantes de toda la historia por el volumen de soldados implicados, por lo complicado de la logística necesaria para llevarlo a cabo, y por su importancia histórica. Pero, menos conocida es la historia de algunos de los ensayos previos que hicieron los aliados en las costas británicas y que durante muchos años fueron silenciados por las autoridades.

El más destacado fue el ejercicio táctico Tigre, al mando del Almirante norteamericano Don P. Moon, que se realizó en Slapton Sands, en la costa británica de Devon entre el 22 y el 30 de abril de 1944. Los comandantes aliados eran conscientes de la importancia de este tipo de operaciones y ordenaron el uso del fuego real por parte de las unidades navales para acostumbrar a los soldados. La idea de estas maniobras era desembarcar 30.000 soldados aliados en esta zona costera británica, de la que toda población civil fue desalojada meses atrás, porque ofrece un cierto parecido a la playa denominada Utah en Normandía. La protección naval la ofreció la Royal Navy británica que, además, patrulló la zona de Cherburgo, puerto donde los alemanes tenían una base de lanchas torpederas.

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La mañana del 28 de abril, nueve de estas lanchas alemanas de patrulla por la zona avistaron ocho barcos de transportes LST cerca de la bahía de Lyme que se dirigían al desembarco en Slapton Sands. Los alemanes no vieron ningún tipo de convoy que los protegiera y decidieron atacar. Además, las baterías costeras británicas tenían orden de no disparar para no alertar a los alemanes de que la costa estaba defendida. El resultado fue que dos transportes se hundieron y un tercero, muy dañado, pudo llegar a la costa. Atrapados debajo de las cubiertas cientos de soldados y marineros se hundieron con los barcos. Había poco tiempo para lanzar los botes salvavidas y algunos de ellos se atascaron. Muchos soldados saltaron al mar pero pronto se ahogaron, a causa la hipotermia provocada por el agua fría, y por el peso de sus equipos. En total, 749 soldados y marineros estadounidenses murieron esa noche. El resto de transportes de tropas llegaron a la playa de Slapton para iniciar el ejercicio Tigre pero las cosas continuaron saliendo mal.

Una descoordinación horaria hizo que el crucero HMS Hawkins disparara sus cañones, por orden del general Eisenhower que quería utilizar fuego real durante el ejercicio para que los soldados se acostumbraran al ruido, directamente a la zona de desembarco en la playa mientras llegaban diversas unidades norteamericanas. El resultado fue cientos de bajas por fuego amigo.  En total, la Operación Tigre provocó 946 muertos, y más de 200 heridos. Por otro lado, diez oficiales que desaparecieron ese día tenían acceso a los planes de desembarco en Normandía por lo que la operación Overlord se pospuso hasta que se encontraron los cadáveres de dichos militares. El desastroso ejercicio Tigre fue silenciado y minimizado por las autoridades aliadas ya que no querían que nada saliese mal de cara a la cercana Operación Overlord.

*Las fotografías de esta entrada han sido sacadas de http://www.exercisetigerslapton.org/, una organización que fomenta la conciencia pública sobre la tragedia y el sacrificio realizado por los afectados del Ejercicio Tigre.

 

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Ha pasado bastante desapercibido el 73 aniversario del inicio de la Unternehmen Barbarossa (Operación Barbarroja), es decir, de la invasión de la URSS por parte de las fuerzas del Eje con Alemania a la cabeza.  El 22 de junio de 1941 a las tres y cuarto de la madrugada se inició la ofensiva en un frente de 1.600 kilómetros entre el mar Báltico y el Mar Negro. Tres millones y medio de soldados alemanes, más un millón de sus aliados de Italia, Hungría, Rumanía, y Finlandia, se lanzaron a la conquista de la URSS. Las tropas se agruparon en 225 divisiones, y participaron más de 4.000 tanques y un número similar de aviones. Enfrente, los soviéticos tenían más soldados, tanques y aviones, pero fueron sorprendidos por la coordinación de las tropas terrestres y aéreas del Eje.

 

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William L. Shirer cuenta en “Auge y caída del Tercer Reich” lo despreocupado que estaban los militares soviéticos en las fronteras con Alemania. “A pesar de las múltiples advertencias y signos de alarma –dice Shirer– la agresión alemana cogió al Ejército Rojo por sorpresa en toda la longitud del frente. Todos los puentes fueron tomados intactos […] Centenares de aviones fueron destruidos en el suelo”. Añade el periodista un hecho curioso, contado por el general Blumentritt, jefe del Estado Mayor del IV Ejército, que sucedió en la noche del 21 al 22 de junio poco después de las doce. Relata el militar alemán que “mientras la artillería alemana estaba ya en acción, el expreso Berlín-Moscú prosiguió “sin incidentes” su inocente viaje a través de las líneas alemanas hasta Brest-Litovsk […] De madrugada las estaciones de escucha alemanas captaron el siguiente mensaje del Ejército Rojo: “Los alemanes nos disparan. ¿Qué debemos hacer? Respuesta del Cuartel General: “Se han vuelto ustedes locos? ¿Por qué su mensaje no está cifrado?”

¿Y cómo reaccionó Stalin? Antony Beevor en “Un escritor en guerra” dice que “Aunque el dictador soviético no se hundió hasta más tarde (del 22 de junio de 1941), estaba tan desorientado al descubrir la verdad que el anuncio por radio a mediodía fue realizado por su ministro de Asuntos Exteriores Molotov, con una voz helada. De inmediato se formaron colas de voluntarios para ir al frente”. Hasta principios de julio de ese mismo año, Stalin no se dirigió al país mediante un mensaje radiado.

La mayor parte de la población soviética estaba cansada de los rumores de guerra con la Alemania nazi. El profesor de Ingeniería aeronáutica de las fuerzas aéreas rusas, Grigori Tokaty relata en “Un mundo en guerra” de Richard Holmes que “[…] los rumores suelen exagerar, así que había grupos de ciudadanos que creían que íbamos a ser atacados al día siguiente. La gente guardaba para sí estas opiniones: teníamos una máquina centralizada de propaganda que no permitía ninguna otra manifestación pública, y la propaganda central decía que no había peligro, así que todo el mundo guardaba silencio. Pero había mucha inquietud”.

La invasión de la URSS dio paso a una guerra de exterminio entre las fuerzas del Eje y el Ejército Rojo que no finalizó hasta 1945 con la capitulación de Alemania.