Archivos para noviembre, 2013

Lee Harvey Oswald es uno de los personajes más maltratados por la historia reciente debido a su participación (todavía no esclarecida en su totalidad) en el asesinato de John Fitzgerald Kennedy el 22 de noviembre de 1963 en Dallas. Su figura dejó de interesar a la prensa mundial cuando murió dos días después de un disparo realizado por un oscuro personaje llamado Jack Ruby, en riguroso directo, en un pasillo de la comisaría central de policía de esa misma ciudad. Oswald había dicho tras su detención: “I’m just a patsy” (“Solo soy un chivo expiatorio”).

Con su muerte, la ecuación JFK se completó:

Un presidente muerto + su asesino muerto también = Caso Resuelto

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

¿Pero qué pasó con los restos de Oswald? Su madre Marguerite, su mujer Marina y su hermano Robert vieron el cuerpo en el Hospital Parkland de Dallas el mismo día de su muerte. Después los trasladaron al Motel Inn of The Six Flags de Dallas que estaba tomado por la policía y el FBI para evitar posibles altercados. Las autoridades no les permitieron a ellos acceder a ningún medio de comunicación, ni televisión, ni radio ni prensa escrita durante todo el domingo y la mañana del día siguiente.

El hermano de Lee, Robert, empezó el domingo 24 de noviembre a realizar los preparativos para el sepelio. La madre de Oswald siempre sospechó que su hijo era un agente secreto que trabajaba para al gobierno norteamericano con lo que pidió varias veces a las autoridades que su hijo fuera enterrado en el Cementerio Nacional de Arlington, el camposanto militar donde reposan los restos de los caídos en combate y donde se iba a enterrar a JFK. La petición siempre fue denegada.

Así que el primer paso era comprar un nicho o un trozo de terreno en algún cementerio de la zona. Uno a uno, todos se fueron negando. Además, Robert intentó contactar con algún pastor luterano para que se encargara del oficio religioso. Todos a los que llamó se negaron e incluso alguno de ellos le respondió que no podían oficiar ningún acto fúnebre porque su hermano fue “un pecador”. El sepelio estaba previsto para el lunes a las cuatro de la tarde pero a las once de la mañana de ese mismo día dos ministros luteranos aparecieron en el motel para ofrecerse a oficiar las exequias. Uno de ellos cambiará de idea poco antes de las cuatro de la tarde. Otro  acudió más tarde al motel y aceptó encargarse del tema.

Finalmente, la familia pudo comprar una tumba en el Shannon Rose Hill Memorial Park de Fort Worth. Eso sí, el cementerio no les permitió realizar ninguna ceremonia en alguna de las capillas habilitadas para tal efecto. Los operarios del camposanto habían llevado el ataúd directamente cerca de la tumba. Algunos de los periodistas que estaban cubriendo el evento tuvieron que cargar con el ataúd para acercarlo al lugar elegido para la sepultura.

Los responsables del cementerio nunca comunicaron a sus operarios que se trataba del cuerpo de Oswald ya que les dijeron que el nombre del difunto era “William Bobo”. El pastor luterano no apareció, pero finalmente otro clérigo de la misma congregación, Louis Saunders, que estaba allí por si podía ayudar, recitó unas sencillas palabras a pie de tumba. La familia quiso ver, por última vez, el cuerpo de Lee Harvey Oswald. La policía, vestida de paisano, hizo un semicírculo para darle un poco de intimidad al momento. Los operarios enterraron a William Bobo mientras los periodistas tomaban notas y hacían fotos.

En la lápida de Lee Harvey solo pone “Oswald”.

 

En un episodio de la serie Mad Men situado en 1962 uno de los protagonistas, Don Draper, planea un viaje de negocios a la Costa Oeste de los EE.UU. Con una taza de café en la mano, otro compañero le pregunta: “¿Qué hay en Los Ángeles?” Draper le responde sonriendo y con descaro: “¿Ray Bradbury?” Así de icónico era este autor norteamericano que murió el mes de junio de 2012.

La editorial Cátedra acaba de publicar, en su colección Letras Universales, todos los poemas que escribió el autor norteamericano, y que ven la luz por primera vez en castellano todos juntos. “Poesía completa”, es una edición bilingüe a cargo de Jesús Isaías Gómez que reúne material publicado en inglés en libros como “La última vez que florecieron los elefantes en el jardín” (1973), o “La muerte para mí ha perdido su encanto” (1987), entre otros.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Bradbury es uno de los autores más conocidos del panorama literario de la ciencia ficción por novelas como “Crónicas marcianas” (1950) o “Farenheit 451” (1953), así como por sus innumerables relatos cortos. En sus propias palabras “[…] la ciencia ficción es la mejor manifestación literaria para expresar las exigencias de nuestro tiempo”. Aunque Bradbury solo consideró a “Farenheit 451” como su “única” obra de ciencia ficción, este autor también cultivó, a partir de los años 70 del pasado siglo, la poesía.

Según Jesús Isaías Gómez, en el estudio introductorio a esta edición, “la literatura inglesa tiene sus orígenes dentro del amplio universo de la fantasía, ingrediente que sigue siendo una nota esencial de la estética poética contemporánea”. Bradbury utilizará los elementos de la ciencia ficción, de la fantasía, y de los recuerdos de su infancia para conformar un universo propio y diferenciado del resto de autores. Uno de los protagonistas será la ciudad que le vio nacer y crecer durante unos años, Waukegan en el estado de Illinois. Otra protagonista será la ciudad de Los Ángeles.

Por sus poemas desfilan naves espaciales, pero también los verdes prados de su ciudad natal, robots, los protagonistas de obras de Shakespeare, de Moby Dick, personajes de la talla de Homero, ciudades como Troya, y un sinfín de ideas. Con este volumen descubriremos que la poesía para Bradbury era una continuación lírica de su universo de ciencia ficción.