Archivos para junio, 2013

Desde hace unos años el ser humano ha tomado consciencia de su posición en el Universo gracias a los telescopios, sondas espaciales y a su inmenso sentido de la curiosidad. También desde hace un tiempo hemos querido averiguar si había alguien ahí fuera, algún tipo de civilización extraterrestre con la que establecer un diálogo. Proyectos como el SETI, el OSETI, o el SERENDIP, han tratado de establecer un programa serio, riguroso y científico de búsqueda de cualquier tipo de señal que demuestre que existen otros planetas habitados.

Ahora bien, la comunidad científica también ha dedicado muchos esfuerzos en desarrollar un lenguaje universal con el que nos podríamos comunicar con esa hipotética civilización extraterrestre. Todos recordamos esa escena de “Encuentros en la Tercera fase” en la que un músico con un panel que sincronizaba notas musicales y combinaciones de colores lograba “hablar” con una nave de aliens. Pero fuera de la gran pantalla se han realizado varios intentos con mayor o menor éxito.

 

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Lincos, acrónimo de lingua cósmica, es un lenguaje de comunicación interestelar creado en 1960 por el matemático alemán Hans Freudenthal (es el señor que aparece en la imagen). Se trata de una mejora  de otro idioma creado en 1952, Astroglossa, por el científico británico Lancelot Hogben. Este último fue un intento de enseñar matemáticas a los aliens, dicho de manera rápida. Pero Lincos iba más allá (he añadido dos imágenes de este lenguaje en la presentación de esta entrada). Sus fonemas son señales de radio, es decir, diversos pitidos con significados diferentes que deben de ser deducidos por el oyente. Después de estos intentos, llegaron otros como Lincos 2.0 a principios de los años 90 del pasado siglo, o CosmicOS.

Es decir, estamos enviando mensajes al espacio con estos lenguajes con la esperanza de que lleguen a un planeta habitado y alguien los entienda. Lo que nos tendríamos que preguntar es que si estamos intentando comunicarnos, algún día podríamos recibir una respuesta. Y entonces, ¿la entenderíamos? Es más, ¿podríamos establecer un diálogo con una supuesta civilización extraterrestre?

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Hace 20 años que se estrenó en EE.UU “Expediente X”, la serie ideada y producida por Chris Carter que revolucionó la ficción televisiva. Pero, ¿cuáles fueron las series de TV que influyeron a su creador?

El éxito de los agentes del FBI, Fox Mulder y Dana Scully, no se explica sin todo el fenómeno que rodeó a “Twin Peaks” (1990-1991). Esta serie dirigida por David Lynch, cosechó grandes audiencias en EE.UU y en España sobre todo gracias a la pregunta “¿Quién mató a Laura Palmer?” En ella aparecía un agente del FBI llamado Dale Cooper, interpretado por el actor Kyle MacLachlan. Además, también actuó David Duchovny en varios episodios como un agente travestido de la misma agencia estatal.

La serie que el creador de Expediente X ha mencionado con más frecuencia como una inspiración ha sido “The night stalker” (1974-1975) donde un periodista llamado Carl Kolchak investiga sucesos paranormales ante la incredulidad de sus jefes y de las autoridades policiales. La lista de temas que se investigan en esta serie es bastante parecida a los de la serie de Carter: vampirismo, espíritus malignos, alienígenas, fantasmas, etc.

 

Otra de las influencias evidentes es “Los invasores” (1967-1968), protagonizada por el arquitecto David Vincent, que averigua accidentalmente que la Tierra está siendo invadida por alienígenas que adoptan la forma humana excepto por un dedo de sus manos que está torcido. El protagonista, un claro predecesor de Fox Mulder, choca una y otra vez con la poca atención de las fuerzas del orden.

 

“Proyecto UFO. Investigación OVNI” (1978-1979) es otra de las series de TV de referencia para entender las aventuras de Mulder y Scully. Dos oficiales del Ejército del Aire de los EE.UU se dedican a investigar casos de avistamientos de ovnis.

 

Otra posible influencia sería “V” (1983-1985) donde se nos presenta una invasión extraterrestres en toda regla. La conexión con la serie de Carter la encontramos en el miedo de los protagonistas a ser esclavizados por los invasores.

 

La suma de todas estas influencias no basta para que una serie triunfe en el difícil mercado de la TV. Pero ayuda a entender de dónde sacó su creador las líneas maestras que convirtieron a “Expediente X” en una obra maestra de ficción televisiva.