Archivos para febrero, 2013

El pasado 15 de febrero cayó cerca de la ciudad rusa de Chelyabinsk, en la zona de los Montes Urales, un meteorito que pesaba 10.000 toneladas y medía 17 metros de diámetro. El objeto estalló en la atmósfera, pero antes causó daños valorados en más de 25 millones de euros en la región. La noticia dio la vuelta al mundo porque ningún organismo científico alertó de su llegada como sí que había ocurrido con el asteroide 2012 DA14 que pasó a 27.860 kilómetros de la Tierra el mismo día que el meteorito que impactó en Rusia.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Lo más curioso del tema es la propia historia de Chelyabinsk, una ciudad que no aparecía en los mapas en la época soviética por su condición de “secreta” y que albergó durante la Segunda Guerra Mundial una industria de fabricación de tanques. Pero nada más acabar la contienda, en la zona se ubicó una fábrica para la producción de plutonio llamada Chelyabinsk-40 o complejo Mayak. De allí salió el combustible nuclear para los primeros test atómicos de Stalin en agosto de 1949. El secretismo soviético no hizo sospechar a los gobiernos occidentales de la existencia de estas industrias hasta 1976 cuando el bioquímico ruso Z. Medvedev reveló en la revista New Scientist “un desastre en los Urales”. Lo que contó  este científico fue que una serie de explosiones se produjeron en la región de Chelyabinsk entre septiembre de 1957 y enero de 1958, y que afectaron a zonas húmedas, a más de 200 especies de animales y plantas, y a un número indeterminado de personas. Estos accidentes, también conocidos como el desastre de Kyshtym, se produjeron durante las operaciones de almacenamiento de residuos nucleares asociados al enriquecimiento de plutonio para utilizarlo como armamento nuclear.

El gobierno soviético ordenó la evacuación de muchas ciudades y pueblos cercanos a las instalaciones nucleares, ordenó la destrucción de enormes cantidades de comida contaminada, trajo comida fresca de fuera de la región, y cerró toda vía de acceso a la zona durante nueve meses. Años después, científicos del Oak Ridge National Laboratory comprobaron que decenas de lagos habían sido contaminados, y que más 30 poblaciones con menos de 2.000 habitantes habían sido borradas del mapa en un área de casi 100 kilómetros a la redonda. Eso sí, en la zona hay un pequeño monolito recordando a las víctimas.

Chelyabinsk-40 está considerado por el Organismo Internacional de Energía Nuclear, después de los accidentes de Chernobil y Fukushima, como el tercer incidente nuclear más grave de la historia. En 1989 los soviéticos admitieron la existencia de los accidentes, y que más de 10.000 personas tuvieron que ser evacuadas a causa de ellos.

Aquí dejo un enlace a un reportaje en inglés sobre el tema:

https://www.youtube.com/watch?v=MbR00_W4gEo

Anuncios

¿Los superodenadores están gobernando el mundo en la sombra? Esta idea, más propia de una película de suspense o de ciencia ficción de los años 70, podría no estar muy alejada de la realidad si echamos un vistazo al proyecto “Perímetro” o Mertvaia Ruka (“mano muerta” en ruso).

Durante la Guerra Fría, miles de científicos de los dos bloques estuvieron investigando para conseguir mejorar sus armas, y así, asegurarse la supremacía sobre su rival. De esta manera gastaron miles de millones de dólares, y de rublos, en mejores bombarderos, submarinos nucleares, y misiles balísticos intercontinentales. Pero EE.UU y la URSS también destinaron ingentes cantidades de dinero en construir ordenadores más potentes para controlar las cantidades de armas atómicas que ocultaban en miles de silos diseminados por sus territorios.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

La URSS dio un paso más y se hicieron una pregunta: ¿qué pasaría después de un ataque nuclear por sorpresa del enemigo? Los soviéticos llegaron a una conclusión evidente: la mayor parte de la URSS sería destruida por los misiles norteamericanos. Pero, ¿quién ordenaría un contraataque contra los EE.UU? De la respuesta a esta pregunta nació el sistema “Perímetro” o “Mano Muerta”.

En el caso de un ataque enemigo, los dirigentes de la URSS podían transferir el mando nuclear de sus miles de cabezas al superdordenador para que éste confirmara que todos los mandatarios o militares soviéticos con potestad para ordenar un ataque estaban muertos. En tal caso, “Perímetro” ordenaría un devastador contraataque que acabaría con el planeta Tierra. Se la podría denominar  “La Máquina del Juicio Final”. ¿Les suena la historia? Apareció en la película de Stanley Kubrick “Teléfono Rojo, volamos hacia Moscú” (1964) basada en el libro “Red Alert” del ex oficial de la RAF Peter George.

¿Ficción? En el año 2009, la revista Wired publicó una entrevista con un antiguo coronel soviético encargado durante 30 años de los Misiles Estratégicos, Valery Yarynich. Este militar declaró que “el sistema Perímetro es realmente fantástico. Quitamos la responsabilidad de las manos de los políticos, y del ejército”.

Otros escritores imaginaron el futuro también manos de superodenadores como en la película “Colossus: el proyecto prohibido” (1970) basada en la novela de Dennis Feltham Jones. En este caso los EE.UU dejan su sistema militar defensivo en manos de un ordenador, “Colossus”, situado en el corazón de una montaña. Nada más conectar a “Colossus”, éste detecta a su homólogo soviético “Guardian”. El resultado es cuanto menos ambiguo para la humanidad. Tampoco hay que olvidarse de “Skynet” de la saga Terminator, pero hay otros como Hal9000 de “2001, una odisea en el espacio” (1968), los ordenadores que gobiernan “Matrix” (1999), o el entrañable supercomputador de “Juegos de Guerra” (1983).

De todas maneras, los ordenadores ya gobiernan el mundo, o ¿podríamos hacer algo hoy en día sin nuestros PC’s, smartphones, o tabletas? Si no me cree, vea algún episodio de la serie de TV “Revolution”. Ya nos gobiernan…