Archivos para enero, 2013

Podría ser el argumento de una novela de ciencia-ficción, pero no lo es. En 1964 Zambia puso en marcha un programa espacial para enviar seres humanos a la Luna primero, y a Marte después. De esta manera el gobierno de uno de los países más pobres del mundo quería reivindicarse ante el mundo como una potencia espacial en plena Guerra Fría. Para cubrir los gastos de la misión, Zambia pidió 7 millones de libras  de la época a la UNESCO. El organismo, evidentemente, rechazó la propuesta.

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Pero Zambia, un país en esa época que no llegaba a los cuatro millones de habitantes, quería ser pionero también con el equipo de “afronautas” que pretendian enviar a Marte: diez hombres, una joven de 17 años llamada Matha Mwambwa que iría acompañada de un gato, y un misionero cristiano. Como los fondos no llegaron, el programa redefinió sus objetivos y pensó que Marte tenía mejor cartel que la Luna. Así que en su fase final, Zambia quiso enviar solo a la joven, a un misionero, y a dos gatos al planeta Rojo. Finalmente, la candidata (que se quedó embarazada durante los entrenamientos), el misionero, y los mininos se fueron a su casa cansados de esperar el lanzamiento que nunca se produjo.

Detrás de esta misión espacial estaba un profesor de escuela de ciencias, Edward Makuka Nkoloso, una especie de “Werner von Braun” africano. El profesor Nkloso, director de la autodenominada “Academia de Ciencias y Tecnologías del Espacio” de Zambia,  diseñó un programa espacial que pondría  a su equipo de “afronautas” en Marte en un plazo máximo de siete años. El lanzamiento se haría desde el estadio de fútbol de Lusaka, la capital de Zambia, con un sistema de catapulta que enviaría a la nave africana directamente a la órbita de Marte.

Nkloso declaró a la revista Time que “veo en el futuro a Zambia como un país más avanzado en la era espacial que EE.UU o la URSS. De hecho en mi academia vamos seis o siete años por delante de ellos”.

La presencia del misionero en la nave tiene su explicación. Los promotores del programa espacial estaban convencidos de que Marte estaba habitado por lo que la presencia del misionero estaba justificada para “convertir” al cristianismo a los marcianos. Por otro lado, la fotógrafa alicantina Cristina de Middel, ha realizado un interesante proyecto sobre este tema que se puede ver en su página web.

En 1988 el gobierno de Zambia respondió por carta a un ciudadano que preguntó por el destino de este “programa espacial”. La respuesta oficial fue que la iniciativa “nunca fue tomada en serio”.

Aquí dejamos un enlace a un vídeo de los años 60 donde algunos de los protagonistas explican los detalles de la misión espacial pionera y se puede ver el entrenamiento al que sometieron a los afronautas:

http://www.youtube.com/watch?v=M9Do3dz9TR0

El diario británico The Guardian ha rescatado la historia sobre cómo el Monopoly se convirtió en una herramienta de los servicios secretos británicos durante la Segunda Guerra Mundial. Creado a principios del siglo XX, el Monopoly es el juego de mesa más popular del mundo, y  también lo era durante la IIGM, motivo por el cual los británicos lo utilizaron en beneficio propio.

Según diversas fuentes consultadas por este periódico, los juegos de mesa Monopoly ayudaron a los soldados ingleses a escapar de los campos de prisioneros alemanes donde se encontraban confinados. El gobierno de Winston Churchill llegó a un acuerdo con el propietario de la empresa que fabricaba en el Reino Unido este conocido juego, John Waddington Ltd, para que se incluyeran mapas con rutas de escape o mensajes en “ediciones especiales” destinadas a ser enviadas a los campos de prisioneros en la Europa ocupada.

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El sistema fue puesto en marcha por el MI9, un departamento del gobierno inglés que trabajaba en secreto para ayudar a los prisioneros de guerra, y que, además,  servía de enlace con los movimientos de resistencia en Europa. El método consistía en camuflar en las cajas del Monopoly mapas de seda que contenían datos interesantes para los prisioneros que quisieran escapar del campo donde se encontraban, y kits de fuga con los elementos necesarios como brújulas o dinero en metálico.

Los prisioneros británicos podían recibir paquetes de sus familiares y de la Cruz Roja en los campos, pero además, el gobierno de Churchill creó asociaciones de caridad fantasmas con sede en direcciones falsas para multiplicar esos envíos. Además, los soldados aliados y los pilotos que participaban en misiones arriesgadas y que corrían un gran riesgo de ser capturados detrás de las líneas enemigas llevaban consigo instrucciones para que buscaran el juego Monopoly en su “edición especial” si eran capturados.  La marca de identificación para verificar que se trataba de la versión correcta era un punto rojo en la esquina de la plaza de aparcamiento gratuita.

Uno de los principales problemas de la cautividad era el aburrimiento. Las autoridades alemanas reconocieron que si a los prisioneros se les permitía algunas diversiones serían menos problemáticos. El MI9 y la empresa fabricante desarrollaron un código que mostraba mensajes ocultos en el tablero del juego para que los prisioneros supieran dónde se encontraban exactamente y así planificar mejor su huida. De esta manera, un punto y aparte después de la estación de Marylebone, por ejemplo, significaba Italia, otro después de Mayfair significaba Noruega, Suecia y Alemania, y después de un aparcamiento gratuito, el norte de Francia.  Otras fuentes indican que algunas de las fichas incluidas en el juego eran de oro para que los prisioneros fugados pudieran canjearlas por comida. Incluso, se llegó a ocultar entre los billetes del Monopoly, moneda alemana, italiana o francesa de curso legal.

Con todo, no hay cifras oficiales de cuántos soldados británicos pudieron escapar gracias a estos códigos secretos ocultos en el Monopoly. Por otro lado, el destino de estas “ediciones especiales” no está del todo claro ya que sus fabricantes dijeron que se destruyeron todas por motivos de seguridad aunque existen diversos mapas de seda en museos y bibliotecas alrededor del mundo.