La editorial Libros del Silencio acaba de publicar la obra Compañía K del escritor norteamericano William March (1893-1954). La novela describe las experiencias que un grupo de soldados durante la Primera Guerra Mundial en primera persona. March dedica 113 pequeños episodios a cada uno de los integrantes de la Compañía K, y a través de sus historias nos podemos hacer una ligera idea de lo que fue aquel conflicto, y en general, cualquier guerra.
Esta novela, inédita en castellano hasta la fecha, es un claro antecedente de la literatura antibelicista, y se la ha comparado a veces con “Trampa 22” (1961) de Joseph Heller o “Sin novedad en el frente” (1929) de Erich Maria Remarque. March publicó su obra en 1933, cuando los ecos de la Gran Guerra habían dejado de sonar, y el ascenso del nacionalsocialismo en Alemania y la consolidación del Fascismo en Italia no hacían presagiar un futuro sin conflictos armados.
La primera cuestión interesante sobre esta novela es que el autor escribe sobre una compañía concreta de los Marines norteamericanos que luchó desde 1917 en el sector de Verdún, en la batalla del bosque de Belleau, en la de Sant-Mihiel, en el ataque a Mont Blanc, y en la ofensiva del Meuse-Argonne. Como curiosidad sobre la batalla de Sant-Mihiel cabe destacar que entre las tropas norteamericanas, a parte de la Compañía K, participaron en ella dos protagonistas de la II Guerra Mundial: Douglas MacArthur mandando una brigada, y Georges Patton dirigiendo un batallón mixto de tanques franceses y norteamericanos.
La compañía K existió de verdad, y March perteneció a ella con todos los honores porque fue condecorado tres veces: con la Croix de Guerre francesa, y con las norteamericanas Cruz por Servicio Distinguido, y la Cruz de la Armada. Pero el autor va más allá de una mera descripción de hechos desagradables, curiosos o tristes relacionados con el día a día de un grupo de soldados. Como reconoce Philip D. Beidler, profesor de literatura norteamericana en la Universidad de Alabama en el prólogo al libro: “Su intención no es escribir únicamente acerca de su compañía de hombres en la guerra, sino acerca de cualquier compañía de hombres en cualquier guerra, acerca nada menos que de la guerra misma.”
Otra cuestión que hay que tener en cuenta es la falta de una tradición literaria en EE.UU a la hora de escribir sobre conflictos bélicos en los que han participado norteamericanos antes de la Primera Guerra Mundial. Si bien este país vivió una guerra civil sangrienta que dividió el país entre 1861 y 1865, las fuentes para conocer mejor ese conflicto no son literarias sino que están más cercanas al género epistolar, a la prensa de la época, o las autobiografías.  La fuerza arrolladora de la Gran Guerra cambió este panorama y dio voz a una generación de escritores como Dos Passos, Hemingway…y William March.
Acabado el conflicto, una nueva forma de novelar la guerra, de contar las situaciones y los momentos vividos en el frente europeo se fue abriendo paso en la literatura norteamericana. Se describía de una manera realista la guerra en todas sus dimensiones, pero, sobre todo, desde el punto de vista del combatiente, como ocurre con esta novela.
Ahora estamos acostumbrados a esa manera de narrar ya que la Segunda Guerra Mundial produjo todo un género literario propio con obras como “Los desnudos y los muertos” de Mailer o “Matadero 5” de Vonnegut, por citar algunas de ellas. Pero en el período de entreguerras, Compañía K fue un revulsivo literario de primer orden: por su innovación a la hora de presentar un relato fragmentado de los horrores de la guerra con capítulos cortos, y sobre todo por ir más allá del conflicto y hablar de la vuelta de los soldados a sus casas y de las secuelas que sufrieron.
Por las páginas de este libro desfila la buena suerte, los héroes a su pesar, los cobardes, también a su pesar, la neurosis de guerra, la mala suerte, los tipos listos, los perdedores, y también la ironía, ese elemento que no puede faltar en un libro sobre la guerra.
Compañía K retrata el microcosmos de la degradación, la miseria y la brutalidad, de la que son capaces los hombres que hacen la guerra a pie de trinchera. Hasta ahora ha permanecido oculta esta auténtica joya literaria. Pero ha llegado el momento de leerla, y de reivindicarla como una obra maestra de nuestro tiempo.
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